Llego a casa de mi amigo Pepe y me brinda en el calor un vaso de agua fría. Sediento acepté. Pero cuando probé el agua, esta amarga como la hiel.
"Mi hermano, no sé que pasa pero el agua está amarga como la hiel". ¡Dios mío te di el agua con sávila de mi esposa! Lo toma pa´la gastritis. Es buenísimo. Déjame darte otro vaso de agua.
Esta vez, el agua era dulce.
¿Estaba buena?, preguntó él medio preocupado.
Me sonreí. Bueno al menos no estaba amarga, esta vez estaba dulce.
¡Dios mío! Ahora te he dado el agua con berenjena que prepara mi esposa para la grasa en el hígado y los riñones, es buenísimo. Déjame darte otro vaso de agua...
¡Ni lo pienses!
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